Años queriendo volver a visitar el Monasterio de San Juan de la Peña, pero ¿justo en este momento? Sí, precisamente en el momento en que cayó en mis manos el libro El estrellero de San Juan de la Peña de Ángeles Irisarri. Un relato exquisito, cautivador e inspirador que ahonda en la vida de un anciano monje. Aimerico de Thomiéres, encaramado en su observatorio astronómico, ubicado el Real Monasterio de San Juan de la Peña, mira al oriente del cielo temblando de frío en el duro e inacabable invierno, esperando la llegada del cometa Halley (documentado en el año 1066).
Así que me levanté una mañana, con todo un día libre por delante y decidí hacer una excursión, respirar aire puro y conectar con los orígenes de nuestra tierra. Cultura, arte, historia y naturaleza, una mezcla explosiva que invita a soñar, a viajar a otra época y que nutre de relatos apasionantes.
A escasas 2 horas de Zaragoza, en Botaya, Jaca (Huesca), se esconde, cubierto por la enorme roca que le da nombre y mimetizado con su extraordinario y singular enclave, el Monasterio de San Juan de la Peña. Un impresionante y majestuoso monasterio, el más importante de Aragón en la alta Edad Media. En su Panteón Real fueron enterrados un buen número de reyes de Aragón. Forma parte del camino aragonés del Camino de Santiago. Su enclave es extremadamente singular. El monasterio nuevo de San Juan de la Peña fue construido en 1705 en una meseta más arriba de la montaña.
Los auténticos orígenes del monasterio se pierden en la oscuridad de los tiempos altomedievales y se le ha supuesto refugio de eremitas, aunque los datos históricos nos conducen a la fundación de un pequeño centro monástico dedicado a San Juan Bautista en el siglo X, del que sobreviven algunos elementos. Arruinado a fines de dicha centuria, fue refundado bajo el nombre de San Juan de la Peña por Sancho el Mayor de Navarra en el primer tercio del siglo XI. Fue este monarca quien introdujo en él la regla de San Benito, norma fundamental en la Europa medieval. A lo largo de dicho siglo, el centro se amplió con nuevas construcciones al convertirse en panteón de reyes y monasterio predilecto de la incipiente monarquía aragonesa que lo dotó con numerosos bienes.
Considerado por la tradición como la cuna del Reino de Aragón, fue parada habitual del Camino de Santiago y lugar de leyendas. Entre ellas destaca la que vincula este lugar con el Santo Grial.
Una fecha significativa fue la del 22 de marzo de 1071, cuando el Monasterio de San Juan de la Peña fue el escenario de la introducción, por primera vez en la Península Ibérica, del rito litúrgico romano, seguido en toda la Iglesia de Occidente, que ponía fin al antiguo rito hispano-visigótico y suponía la acomodación definitiva de la iglesia aragonesa a las pautas marcadas por el Pontificado.
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XII se inició una cierta decadencia que se acentuó en el periodo siguiente, y aún más a partir del siglo XIV. Fueron las características de esta época el final de las donaciones, las pérdidas patrimoniales, los múltiples pleitos ante numerosas instancias, y especialmente con los obispados donde estaban ubicadas sus propiedades (Jaca-Huesca, Pamplona y Zaragoza), las deudas, el deterioro de las construcciones por su peculiar ubicación y diversos incendios que resultaron devastadores. Con el último de ellos, en 1675, que duró tres días, se perdió la habitabilidad necesaria para la vida monacal, por lo que se planificó la edificación del Monasterio Nuevo.
La visita: Se puede comenzar en el Monasterio Nuevo. Ahí se encuentra el Centro de Interpretación del Monasterio, que narra la historia de esta región, sus monarcas y la relación de ellos con el monasterio. Desde ese espacio, cubierto por un suelo de cristal sobre parte de las ruinas del monasterio, se observan las diferentes estancias bajo nuestros pies.
Continua la visita en el Monasterio Viejo. Siguiendo las explicaciones de nuestro guía, George, nos adentramos en la vida de los monjes. El monasterio se construyó en distintas fases, conforme fue ampliándose la cantidad de personas que allí vivían. En la planta inferior, tenemos una capilla donde encontramos frescos originales y varios salones con arcos. En la planta superior encontramos el primer panteón de los reyes aragoneses, donde se encuentran enterrados los tres monarcas del siglo XI: Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, además de diferentes miembros de su familia. Más adelante encontramos también otra zona donde eran enterrados muchos nobles, en cuyas tumbas aparecen relieves curiosos como, por ejemplo, de animales mitológicos.
La iglesia, con una gran bóveda, alberga en su altar una reproducción del Santo Cáliz que actualmente custodia la catedral de Valencia y que pasó una larga temporada recorriendo diferentes lugares de la Península.
El claustro, famoso por sus arcos y sus capiteles, que narran diferentes historias bíblicas y mitológicas.
La visita finaliza en la Iglesia de Santa Cruz de la Serós. Formidable templo románico, antiguo monasterio benedictino femenino, en el que vivieron influyentes mujeres de la nobleza aragonesa entre los siglos XI y XII.
Un agradecimiento: Gracias a todo el excepcional equipo que nos atendió, de manera exquisita, aconsejando y guiando con gran profesionalidad y amabilidad. Gracias Elena, Adrián, Maite, George y Javier por hacernos vibrar con esta experiencia tan inolvidable y enriquecedora.
Más información y visitas: Web, Instagram, Facebook, Teléfono: 974355119, Mail: monasteriosanjuan@aragon.es / Reserva visitas guiadas: visitasguiadas@monasteriosanjuan.com
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Bisous, bisous.
S.
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