Treinta años, casi media vida... No pretendo ponerme en modo sentimental pero sí que este artículo lo considero muy personal y especial.
Nos remontamos a 1996, un año en el que viví experiencias muy enriquecedoras en Francia, como estudiante y realizando mis primeros trabajos. La ciudad elegida, Le Mans, sirvió como base para descubrir la Bretagne y la Normandie. Treinta años después, con no pocas vivencias acumuladas, más mayor pero mismas o mayores inquietudes, vuelvo a convertirme por unos días en mancelle, y esta vez me acompaña María, mi hija. La aventura comienza.
Un coche y una maleta repleta de ilusiones. Un trayecto, inicialmente programado pero, flexible y abierto a innovaciones. Seis días, 3000 kms de autopistas, carreteras luminosas invadidas de luz evocadora, amaneceres radiantes, sonidos de la naturaleza relajantes, atardeceres que rodean con un halo de misterio, exquisitos sabores de Francia, risas cómplices, arte que sorprende a cada paso y envuelve cautelosamente, dibujando una huella imborrable en el alma... Destellos de magia y calma en el ambiente se reflejan, como pinceladas resplandecientes, etéreas y oníricas de cuadros impresionistas.
La ruta:
Día 1. Zaragoza - Le Mans -> Tras más de 900kms (y varios atascos, cortes de vías...), alcanzamos la meta como si de las 24Horas se tratara. Le Mans es una ciudad, situada entre el Valle del Loira, Normandía, Bretaña y el Suroeste de Francia que, a parte de ser conocida por las famosas 24 Horas de Le Mans, sorprende por su rica arquitectura, sus jardines y su corazón medieval.
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