Resulta difícil moldear con maestría, creando obras puras y enigmáticas con fuerza expresiva interior, que deslumbren con luz intensa y emitan vida propia. Alberto Gómez Ascaso, consigue dotar de una belleza asombrosa las piezas creadas a partir de un material ligado a las grandes civilizaciones de la Antigüedad: el bronce.
El escultor Alberto Gómez Ascaso (Zaragoza, 1963) es, fundamentalmente, una persona cercana, humilde, de gran carisma, con una claridad de ideas sublime y un resplandeciente arte interno que transmite magistralmente en todas sus creaciones.
Alberto Gómez Ascaso, quien ha desarrollado una intensa y notable trayectoria en el ámbito de la escultura figurativa, tal y como evidencian considerables piezas expuestas en las calles de Zaragoza, abre las puertas de su taller para mostrarnos su alma y la conexión con cada una de sus reconocidas obras.
¿Quién es Alberto Gómez Ascaso en la intimidad? ¿Qué inquietudes, pasiones y gustos le mueven?
Mis pasiones y gustos son leer y escribir, dibujar, pasear por algunas ciudades, el mar, y sobre todo, en la medida de lo posible, compartir estas actividades con mi familia y mis amigos. La escultura es otra cosa, es una forma de estar en el mundo, y es el lugar donde todas esas inquietudes confluyen.
¿Qué recuerdas de tu infancia? ¿Deseabas ser artista desde niño?
No, en mi infancia el arte no era algo que estuviera presente. Y recuerdo que detestaba los trabajos manuales del colegio.
¿Cómo supiste que querías dedicarte al arte?
Fue en la adolescencia. Sentía, como tantos otros a esa edad, que no encontraba mi sitio en el mundo y, por casualidad, descubrí el arte. Desde ese momento supe que la escultura era mi lugar, lo que iba a darle valor y sentido a mi vida. Aunque hasta mitad de los años 80 no decidí que me iba a dedicar a ello profesionalmente.
Desde el principio vi que tenía facilidad para trasladar las ideas a un material tangible. Y pensé que era una suerte. Pero la suerte fue que enseguida me di cuenta de que esa facilidad no iba a ser una ventaja, sino que seguramente iba a ser un obstáculo. Desde entonces lo he evitado, mis obras surgen siempre de sensaciones, y nunca de ideas.
Inicias tus estudios en la Escuela de Artes de Zaragoza y sigues formándote a lo largo de toda tu vida. ¿Cuáles han sido tus fases más relevantes?
Cuando estudié en la Escuela de Artes no había especialidad de escultura, así que después de los cursos comunes, dejé la Escuela. Conocí a Manuel Arcón, después a Robert Vandereycken, y con ellos fui aprendiendo el oficio y, sobre todo, me ayudaron a entender qué es la escultura.
Además, he tenido muchos amigos y amigas artistas de los que siempre he aprendido, y también de las personas a las que he dado clase en mi taller o que han trabajado conmigo. He tenido mucha suerte en esto. Supongo que uno está aprendiendo siempre, forma parte del asunto, porque todas las experiencias que se viven acaban volcándose en la obra.
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A través de tus deslumbrantes obras y debido a la fina complexión de sus protagonistas, inicialmente emites una sensación de fragilidad e individuación. Pero cuando te adentras en sus miradas, se descubren sentimientos y sensaciones que evocan libertad, complicidad, unión, fuerza, confianza y seguridad… ¿Cómo logras transmitir tanta emoción?
Me encanta eso que dices, y me alegro mucho de que te evoquen esas sensaciones. Ojalá fuera así para muchas personas. En mi proceso de trabajo siempre parto de sensaciones íntimas, emociones, nunca de ideas o imágenes. Al principio no tienen forma concreta. Comienzo a trabajar a tientas y en la medida en que consigo profundizar en mi interior, la forma va surgiendo. Supongo que en el proceso la obra va impregnándose de esa experiencia tan intensa y particular que vivo mientras trabajo, de ese viaje hacia el interior. Y si la obra llega a término, puede conectar con el interior de otras personas.
Imágenes estilizadas. ¿Por qué este rasgo? ¿En qué te inspiras? ¿Cuáles son tus influencias?
Muchas veces han aludido a Giacometti hablando de este asunto. Y es cierto que me gusta mucho su obra, pero la estilización en la escultura existe desde antiguo. Siempre me han impresionado más las obras arcaicas que las clásicas. No es que me gusten más, no se trata de eso, sino que por algún motivo conecto más íntimamente con las esculturas etruscas, góticas, egipcias..., me llegan más adentro. Imagino que es porque en su construcción, en su arquitectura, tienen un modo de vibrar más lento con el que me identifico más.
Pero, como te decía antes, no trabajo de una forma racional y consciente, solo puedo intentar explicarme y explicarte el porqué, por qué hago lo que hago y por qué lo hago así. Pero solo puedo pensarlo una vez hecho y, en el fondo, no lo sé.
Creo que por eso estudié filosofía. Cuando empecé ya me dedicaba a la escultura, quería entender muchas cosas que no sabía explicarme. Sigo en ello.
Trabajas de manera admirable el bronce, dando lugar a creaciones con alma propia que brillan por su expresividad y fuerza interior. ¿Qué tiene de especial este material y qué te impulsó a trabajar con él? ¿Cuál es el proceso de creación?
Empecé con la piedra, pero llegó un momento en que la estilización de la que hablábamos se convirtió en un problema. Probé el bronce y me encantó. La parte técnica del trabajo siempre me ha gustado mucho y he procurado hacer la mayor parte del proceso: la estructura de hierro, el modelado, el vaciado, la cera..., y después el repasado y la pátina del bronce. En cada obra este proceso es siempre único y diferente, y hasta el final ocurren cosas que producen pequeños cambios que a veces son muy importantes.
El trabajo de la piedra me enseñó que no debes intentar imponerte a ella, no se trata de doblegarla, sino de escucharla y comprenderla. Y conforme aprendes de ella va surgiendo una forma que, en cierto modo, es producto de esa relación particular. Por eso cada obra es una aventura única. Apliqué este aprendizaje al bronce y comencé a llevarme bien con él desde el principio, nos entendemos.
Autor de las esculturas Complicidad en Gran Vía de Zaragoza y Mujer con manto azul en Plaza de España de Zaragoza o del busto de la tumba de Miguel Fleta en Zaragoza. ¿En qué otros emplazamientos podemos contemplar y disfrutar tus obras más representativas?
Creo que en Cataluña es donde más hay. La obra pública es la parte más importante en el trabajo de la escultura, me parece a mí. Es algo característico, casi exclusivo de este arte. Es su parte más difícil y la más apasionante. Las obras conviven con las personas, compartimos el espacio, nos influimos mutuamente, y eso es lo que les hace estar vivas. Por eso el emplazamiento es fundamental, una misma obra se ve completamente diferente en un lugar o en otro, eso está claro, pero es que incluso un mismo lugar cambia constantemente, y la obra con él. Una misma obra puede decirnos cosas diferentes cada vez que pasamos junto a ella, según el clima, nuestro ánimo, lo que en ese momento esté ocurriendo a su alrededor, etc.
Mujer con manto azul Complicidad
La noia de l’Empordà. Paseo marítimo de San Antoni de Calonge (Girona)
¿Cuáles son los trabajos y exposiciones con los que te sientes más conectado?
No sabría decirte, todos los trabajos han sido importantes de una forma u otra, y es imposible imaginar uno aislado sin los otros. A veces el lugar era maravilloso, otras fue la respuesta de la gente, o la repercusión profesional... Cada caso es interesante por motivos diferentes. Y además mi satisfacción por el resultado va cambiando también con el tiempo.
Homenaje a Rembrandt. La Muela La suerte. Fraga (Huesca)
Quizá la Complicidad de la Gran Vía sea la obra más especial, porque al estar en Zaragoza he tenido muchas respuestas de la gente, algunas especialmente entrañables y cariñosas. Se ha integrado muy bien en el lugar y la gente, en general, la aprecia. Me encanta cuando veo que para las personas más jóvenes es como si llevara ahí desde hace siglos. Eso es lo mejor para una obra pública. Aunque, sin embargo, cada vez que paso por su lado le cambiaría algo que no termina de gustarme, y ese algo va cambiando.
La exposición en la Lonja tuvo también un valor especial para mí. Era la primera vez que exponía un escultor de aquí, y eso generaba incertidumbre en los organizadores, pero acudieron 54.000 personas y la gran mayoría de los comentarios fueron muy positivos. Me escribió gente de diferentes lugares del mundo para felicitarme, gente que había pasado por Zaragoza y la había visto. Aquello no eran críticas de entendidos, eran mensajes sinceros y personales, emotivos, que me hablaban de experiencias íntimas vividas con alguna obra en concreto o con el conjunto o el tema. Siempre eran interesantes. Eso me impresionó mucho. Son de las cosas que no se olvidan. Las que le dan sentido verdaderamente a este trabajo.
Actualmente impartes clases de Pensamiento y Estética, en la Universidad de Zaragoza. ¿Qué te aporta el transmitir tus conocimientos a alumnos de Historia del arte, una carrera que, lamentablemente, no es muy demandada? ¿Consideras que pudiéramos estar viviendo un leve renacer hacia el gusto y pasión por el arte?
Trabajar de profesor asociado fue algo inesperado, empezó de forma casual, pero ha resultado ser una experiencia extraordinaria. He tenido muchísima suerte. Disfruto mucho dando clase y aprendo continuamente del alumnado. Mi formación en filosofía me permite estar entre esos dos mundos, el arte y la filosofía, y doy clase en ambas carreras: Pensamiento y estética a Historia del arte y Filosofía del arte contemporáneo a Filosofía. Un cuatrimestre cada una.
Las personas son muy diferentes en una disciplina y otra, y la experiencia de darles clase también lo es, pero ambas son muy interesantes, y disfruto y aprendo mucho en las dos. Esto el alumnado lo percibe, y nos llevamos bien. Además, en Historia del arte hay mucha mezcla de edades y eso creo que es bueno para todo el mundo, resulta enriquecedor y todos aprendemos de los demás. La enseñanza es una experiencia maravillosa. Y tengo la suerte de que al ser asociado no tengo que involucrarme en nada más que en las clases, que son un día a la semana, y apenas me quita tiempo para mi trabajo.
Lo del renacer que dices, no lo veo, la verdad. La universidad en general está cambiando mucho. Yo llevo apenas doce años, pero la gente que lleva más tiempo insiste en ello. Se dice que el alumnado va perdiendo nivel, tanto en autoexigencia como en interés por el conocimiento. Pero no creo que sea solo responsabilidad suya, pienso que en general la sociedad ha perdido mucha confianza en el conocimiento. Se mezcla el saber con el opinar hasta no diferenciar una cosa de la otra (aunque este problema ya lo señalaba Platón), porque la utilidad del saber ha perdido mucha credibilidad. Y por ello la situación no es la más adecuada para que pueda renacer el gusto ni por el arte, ni por la filosofía ni tal vez por ninguna otra disciplina. La experiencia se valora poco, lo nuevo parece lo más importante, y esto afecta a todas las edades, no solo a la gente joven.
¿Cómo percibes el panorama actual del arte desde tu visión de artista?
Pienso que el arte siempre ha sido cosa de poca gente, y ahora también. Es cierto que con la aparente facilidad del arte contemporáneo y la omnipresencia de las nuevas tecnologías, ha habido un aluvión de personas de todas las edades que, sin formación alguna, se han hecho artistas, o pretenden vivir de la gestión o la comercialización del arte. Prueban suerte, a ver si les cae del cielo la fama y la fortuna (un cielo estadounidense en este caso). Todo lo basan en un continuo «esto es, esto no es». Creo que todo ese mundo, fundamentalmente virtual, no tiene nada que ver con el arte. Como dice Maillard, la pregunta por el concepto debería ponernos en alerta, debería hacernos sospechar que algo va mal. No se trata tanto de qué es o qué debería ser, sino para qué el arte.
Me parece interesante pensar por qué hay tanta gente que hace arte en sus ratos libres, como afición. ¿Qué esperan de él? Hasta hace poco el arte era un oficio como otros. Ahora, la gran mayoría son aficionados, y la profesión se ha convertido en algo excepcional. ¿Por qué?
¿Nuevos proyectos, exposiciones y trabajos en mente de los que nos puedas hablar?
Ahora en mayo expondré en el Centro Cultural Juan Genovés, en Madrid. Arquitectura de las sensaciones, se llamará la exposición. Pero el proyecto más importante que tengo en mente es poder seguir trabajando.
Más información: A través de la página web, gomezascaso.com y el correo electrónico alberto@gomezascaso.com
Voluntad de suerte.
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Bisous, bisous
S.
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